Oslo

17 y 18 de Septiembre de 2012. 6º. Nubes, lluvia, poco sol, y mucho frío.

Nuestro autobús con destino Oslo, salió de Copenhague a las 21:30, y tras 8 horas, durmiendo mayormente, llegamos a la capital noruega.

17 de Septiembre de 2012

Bajamos del autobús, y la fría noche y la lluvia nos envolvió. Habíamos quedado con nuestro couchsurfer a las 7 de la mañana, para dejar las cosas en su casa, desayunar y ponernos en marcha. Como todavía quedaba bastante, nos buscamos una esquinita en la estación de autobuses y allí estuvimos pasando el rato. No se si por el frío, porque estaba destemplada y no me encontraba demasiado bien, ya que mi sistema digestivo no estaba en su mejor momento, o porque era muy temprano y habíamos dormido en el bus, pero el caso es que nos costó un poco orientarnos al principio, recuerdo que dimos un par de vueltas hasta que conseguimos dar con la calle adecuada.

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Erik, nuestro anfitrión, fue estupendo. Nos alojó y nos trató estupendamente en todo momento. Desde aquí se lo agradecemos, y siempre recordaremos esa maravillosa cena que nos preparó.
Tras desayunar con él, y una primera toma de contacto, nosotros nos fuimos a descubrir la ciudad, y él a trabajar. Por la tarde-noche nos volveríamos a ver.
Nuestra intención principal en Oslo era navegar por el fiordo, visitar el Norfolk Museum y el Museo Munch.
Por supuesto, además de nuestras intenciones, pudimos pasear y descubrir el ambiente que hay en Oslo. El tiempo parecía darnos una pequeña tregua, al menos con la lluvia, ya que el frio no iba a desaparecer, pero el sol hacía acto de presencia. Nosotros acostumbrados a ir a la playa en pleno Septiembre, y aquí nos veíamos con el chaquetón y con mucho frío.

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Comenzamos en la Oslo domkirke, es decir, la catedral. Era temprano, y pensábamos que estaría abierta, pero que va, estaba cerrada, así que dimos una vuelta por los jardines y continuamos hacia el puerto.

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A estas horas, no se veía demasiado movimiento. Callejeando llegamos hasta un pequeño parque que hay al lado del puerto, y donde se encuentra el Castillo de Akershus y su fortaleza. Desde allí las vistas del puerto y del fiordo son preciosas.

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Bajamos poco a poco hacia el puerto, ya que este parque está en un alto, y desde allí pudimos ver el curioso edificio del ayuntamiento, con sus dos torres, su reloj dorado y su intenso color rojo de los ladrillos.

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En el puerto, unos operarios desmontaban unas carpas, y nosotros nos acercamos hasta la oficina de Batservice Oslo Sightseeing Fjord Cruisse, para comprar nuestros ticket y dar una vuelta de dos horas y media por el Oslofjorden.

Desde que he comenzado a escribir no he comentado en ningún momento lo caro que es Oslo, y es que desde que habíamos llegado esta fue la primera vez que tuvimos que soltar pasta. Venir a Oslo y querer hacer cualquier actividad, tomar algo, o cualquier cosa que implique dinero, hay que tener claro que, al menos para mi poder adquisitivo, es caro. El paseo en barco nos costó 250 coronas noruegas, que al momento de nuestro viaje, con el cambio que había, eran 30 euros por persona. Si este precio lo comparamos incluso con la vuelta en barco que dimos en Zurich, otra ciudad cara, veremos como Oslo es muchísimo más cara. Si no mal recuerdo, en Zurich 1 hora y media de paseo en barco nos costó 8,20 euros, y el viaje lo realizamos el mismo año con 3 meses de diferencia.
Así que aquí podéis ver una comparativa de lo que os hablo en cuanto a los precios.

Aun así, nosotros queríamos hacer ciertas actividades que implicaban este desembolso de dinero, y para el cual ya íbamos bien informados, así que también he de decir, que no nos pilló de sorpresa.

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Tras este inciso económico, continuamos con nuestro viaje. Pagamos nuestros 60 euros, y nos ponemos en la cola para entrar al barco. Accedemos y nos vamos dirigiendo hacia la parte de atrás, desde donde se puede ver en todo momento una panorámica preciosa del paisaje. Unas mantas en los asientos nos advertían del frío que íbamos a pasar. Y es que si en la ciudad ya hacía frío, en el fiordo no os lo podéis ni imaginar. Aun así, el precioso paisaje y la relajación de navegar, hizo que pasásemos un rato muy agradable. Teníamos a una muchacha que en todo momento nos iba contando lo que íbamos viendo. Fue muy agradable, y además, contaba anécdotas sobre el fiordo, e historias muy curiosas.

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Regresamos al puerto, y allí mismo cogimos el transporte público para ir al Norks Folkemuseum. En este caso nuestro medio de transporte volvía a ser un barco, ya que el museo está en una isla, junto a otros. La isla es Bygdøy, y tan solo se tardan 10 minutos en llegar a ella. El precio del ticket para cruzar, 50 coronas, es decir, 6 euros por persona. Pero si lo coges de ida y vuelta hay una considerable rebaja, así que es preferible, porque en este caso la ida y vuelta te cuesta 60 coronas por persona. El numero del barco que hay que coger es el 91, y el ticket lo podéis adquirir en la misma oficina que mencioné antes, donde cogimos el recorrido por el fiordo.
Llegamos a la isla, y nos dirigimos al museo directamente. Decir que esta isla está llena de casitas residenciales, muy bien cuidadas, y de museos. El paseo es muy agradable y tranquilo. La entrada al museo cuesta 100 coronas, es decir, 13 euros, pero si eres estudiante, te costará 75 coronas, así que te puedes ahorrar unos euros. Nosotros presentamos nuestros DNI como menores de 26 años y nos aplicaron el descuento.

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El museo nos gustó muchísimo, ya que entras en un recinto enorme, al aire libre, en el que puedes ver la manera de vivir que tenían antiguamente.

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Puedes entrar en algunas casas que tienen acondicionadas para ello, y además, en este museo se puede visitar la famosa iglesia de Gol. Se trata de una Iglesia medieval, construida en madera entre los siglos XII y XIII en Gol, un pequeño pueblo que está a 190 km de Oslo.

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La visita al museo fue de dos horas, ya que el recorrido es largo y muy entretenido, porque vas parando en las casas, viendo su interior y su magnifica arquitectura. Es muy recomendable.

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Regresamos al centro de Oslo en el barco 91, y en el puerto encontramos una tienda de souvenirs, que de las que habíamos podido ver callejeando a primera hora, nos pareció la más económica, y con más económica me refiero a que el imán más barato costaba 5 euros. Muchos de los que me leen saben mi afición por los imanes, y que si por mi fuese tendría una pared entera llena de ellos, pero con estos precios, me tuve que cortar y limitarme a coger uno, eso sí, es monísimo, con la bandera noruega y dos trolls con su melena a los lados.

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Continuamos callejeando y llegamos a la calle principal, Karl Johans gate. Una calle muy animada y con mucha vida, nos gustó mucho el ambiente y pasear por ella.

A estas alturas del día, ya habíamos comido, pero no lo hicimos en ningún restaurante, bar, supermercado, ni cadena de comida rápida. Nosotros este día, llevábamos preparados unos bocadillos, ya que comer en Oslo NO es barato. Comentar que los bocadillos no los compramos allí, ni el pan ni nada, como sabíamos que nuestro viaje iba a ser corto, desde España nos llevamos preparados panecillos con jamón serrano, fuet y cualquier producto que aguante unos días y que nos pudiese sacar del apuro. En Oslo ni siquiera un McDonalds es barato, así que no hablemos de tomar una cerveza, o comer salmón en un restaurante. Pero más adelante os contaré los precios que se manejan en las cadenas de comida rápida, ya que al día siguiente comimos por primera y única vez en un Mcdonalds de Oslo.

Continuamos nuestro paseo por la Karl Johans gate. Pasamos por el Parlamento hasta llegar al final de la calle, donde se encuentra la estación de trenes y el famoso tigre de bronce de Oslo, todo un símbolo en la ciudad.

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El día había pasado poco a poco, disfrutando de todo lo que Oslo nos ofrecía, pero ya era el momento de regresar a casa, porque allí nos esperaba Erik, para preparar una deliciosa cena y disfrutar de un rato muy agradable hablando de viajes. Siempre recordaremos con mucho cariño nuestra estancia allí, ya que nuestro anfitrión hizo que fuese muy agradable.

Esa noche nos preparó salmón con puré y una ensalada de pepino riquísima. Fue una cena muy agradable, y ¿qué mejor lugar para comer salmón que en Noruega, cocinado por un noruego? No podíamos estar más felices y agradecidos.
Entre charlas, fotos y risas fue llegando la noche, y la hora de descansar. Nuestros cuerpos estaban agotados, la noche anterior había sido en un bus, que aunque te duermas, no es comparable a una cama, y nuestro día había sido un no parar.

18 de Septiembre de 2012

Sonó el despertador, y tras una ducha y un rico desayuno, quedamos con Erik que dejaríamos las mochilas en su casa, hasta la hora de partir nuestro autobús con destino a Estocolmo.

¿Plan para hoy? Visitar el Vigeland Park, y el museo Munch. Como véis, nos tomamos con bastante calma nuestra visita a Oslo, y no nos propusimos visitar muchas cosas, ya que así íbamos con más libertad y disfrutando más de toda la ciudad.

Para llegar hasta el Vigeland Park, tuvimos que tomar el metro, hasta la parada Majorstuen. Desde allí, en apenas 10 minutos llegamos a la entrada del parque. El día de hoy no nos acompañaba tanto, el cielo estaba gris, tirando a negro, y amenazaba lluvia. Aun así, nosotros comenzamos a visitar el parque. Esta visita es un imprescindible si visitáis Oslo, ya que está llena de esculturas, donde se puede ver diferentes fases de la vida. El entorno en el que están las esculturas es precioso, ya que el parque está muy bien cuidado, y da gusto pasear y disfrutar.

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Cuando estábamos a mitad de nuestro recorrido, la lluvia hizo acto de presencia. Pero como era una lluvia fina, aunque constante, decidimos seguir, hasta llegar al monolito central. Se trata de un bloque de granito de 17 metros de altura, y 121 figuras humanas entrelazadas. Al estar sobre una plataforma escalonada, las vistas del parque desde allí son preciosas.

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Desde el parque, podríamos haber ido hasta el Palacio Real en metro, pero decidimos darnos un buen paseo, ya que no llovía mucho. Hasta allí, fuimos recorriendo calles, principalmente, residenciales.

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El Palacio Real, tiene unos jardines muy bonitos, y está en obras y lleno de guardias, así que tampoco es que sea una visita imprescindible, simplemente desde el Vigeland Park queríamos llegar de nuevo a la Karl Johans gate, y este era el mejor camino. Volvimos a recorrer de nuevo toda la calle, hasta llegar a la estación de trenes, y donde hoy comeríamos, el McDonalds.

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¿Recordáis que el día anterior nos comimos unos deliciosos bocadillos de jamón? Pues no es ninguna tontería llevárselos desde casa si nuestro presupuesto no se nos quiere ir en comida. En nuestro caso queríamos visitar ciertas cosas que implicaban un desembolso algo más grande de lo normal, así que tampoco queríamos gastarnos mucho en comida. Pues bien, solo nos quedaban bocadillos para el viaje en autobús, así que nos fuimos a comer al McDonalds. Yo no llevaba la barriga muy bien, llevaba varios días arrastrando mi malestar y lo que menos me apetecía era comer un McDonalds, así que no comí más que una manzana que llevaba y suero fisiológico asqueroso, porque no hubo manera de encontrar Aquarius.
David sí comió, y allí fue cuando vimos la realidad de los precios, 13 euros por un McMenú pequeño, sí queridos amigos, 13 eurazos, lo que me recordó a nuestro viaje a Zurich, en este aspecto tienen precios muy parecidos.

Después de comer, nos dirigimos hacia el Museo Munch, allí podréis disfrutar de la excelente colección de este artista, obsesionado con los sentimientos y tragedias humanas. Sus temas principales son la muerte, la angustia, el erotismo y la soledad. Entre sus obras, se encuentra la famosa pintura de “El Grito”.

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La visita al museo es muy agradable y si os gusta este tipo de pintura, muy recomendable.

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Al salir de allí, nos dirigimos al jardín botánico de Oslo, donde el sol apareció e hizo de nuestro paseo un rato muy agradable.

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Entramos por una puerta, y salimos por otra, que nos llevó a recorrer un barrio en el que encontramos muchos establecimientos y restaurantes indios. En uno de los supermercados vimos precios que nos sorprendieron, y decidimos entrar para comprar algo de fruta, dulces, alguna especia india para llevar a casa, y unos noodles para tomar en casa de Erik antes de partir hacia Estocolmo. Todo lo que compramos nos salió por 7 euros, y nos pareció toda una ganga.

Poco a poco fuimos caminando hasta casa de nuestro anfitrión, donde nos esperaba. Preparamos algo de merienda-cenar, ya que para nosotros era bastante temprano, y tras las despedidas, cogimos nuestras mochilas y nos dirigimos hacia la estación de autobuses.

Como aún nos quedaban cuatro horas para partir hacia Estocolmo, se nos ocurrió, que como estaba a punto de hacerse de noche, podríamos ir al parque desde donde el día anterior vimos unas vistas preciosas del fiordo, para ver el atardecer. Tras un rato, fotografiando y viendo como la tarde daba paso a una, casi, despejada noche, fuimos tranquilamente andando a la estación de trenes, que se comunica con la de buses, y allí compramos una postal que escribí y envié a mi primo, y nos conectamos al wifi un rato para hablar con nuestra familia y amigos.

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El tiempo se pasó muy rápido, y llegado el momento, fuimos hacia nuestro autobús, nos montamos y como iba bastante vacío, aprovechamos y nos pusimos cada uno en dos plazas, así pudimos acostarnos y dormir mucho mejor. 600 km, y casi 8 horas nos separaban de la capital sueca, pero este capítulo formará parte de otro post.

Mafi.

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Una respuesta a “Oslo

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